“¡Ay!, me demoré algo porque estaba lavando unas lechugas ahí. ¿Encontraron rápido la dirección?”, se excusa Mirta Rodríguez, la madre de Antonio Guerrero, con una familiaridad que parece de antaño.
En la sala de su casa, la única de las madres de los Cinco que pudo asistir a la vista de sentencia de su hijo se siente a sus anchas, como cuando laboraba en la tienda de filatelia, en Obispo y Bernaza, donde se jubiló. Ahora, nada de cámaras de televisión, a las que ha tenido que acostumbrarse; ni de un público numeroso, atento hasta del movimiento de sus gruesos labios. Leer el resto de esta entrada »

Escrito por Enrique Ojito 
